Colombia entierra millones de pesos por no reciclar

residuos – el colombiano
Ene 14 2016

Colombia entierra millones de pesos por no reciclar

Juan Fernando Rojas, para El Colombiano

En Holanda el 99 por ciento de los mal llamados residuos sólidos son aprovechados como materias primas para la industria. En Alemania solo el 2 por ciento de residuos totales va a parar a un relleno sanitario. En Suecia hay fábricas que el 66 por ciento de su energía se genera a partir de desechos. Sin ir más lejos, España aprovecha un 40 por ciento de sus desperdicios.

En cambio, Colombia de las 11,6 millones de toneladas que genera al año, solo aprovecha un 17 por ciento, según cifras oficiales. Por no entender que lo que usualmente se denomina basura, que no son más que recursos mal manejados, se está enterrando la plata, literalmente.

Y esto pasa no solo porque aún hay un largo camino para afianzar la práctica de separación en la fuente, especialmente en hogares, o que se dispongan dobles circuitos para recolección de residuos (reciclable y orgánicos) en grandes ciudades como Medellín. La realidad es que hay tres aspectos que limitan en el corto plazo un mayor aprovechamiento.

De un lado, faltan estímulos económicos adecuados por parte del Gobierno para que las empresas, especialmente las pequeñas y medianas (pymes), vean en la aplicación de tecnologías limpias, el reciclaje y el reaprovechamiento una oportunidad de reducción de costos y hasta de nuevos negocios “verdes”.

“El aprovechamiento de residuos va de la mano de la reconversión tecnológica en los procesos productivos y que vayan asociados a procesos de comercialización que premien productos hechos a partir de insumos provenientes del reciclaje o de partes de otros que ya cumplieron su vida útil”, señala Carlos Herrera Santos, vicepresidente de Sostenibilidad de la Asociación de Empresarios de Colombia (Andi).

De otro parte, está en mora la vigencia de un nuevo marco regulatorio para el servicio público domiciliario de aseo. Mientras tanto, la normatividad vigente para las empresas recolectoras apunta a que el negocio está más en enterrar basura que en recuperar residuos.

Para el caso de Medellín, solo disponer una tonelada, de las cerca de 70 mil que recibe La Pradera al mes, cuesta 40 mil pesos. Pero si se suma transporte, insumos, operarios, tratamiento de lixiviados y demás, el monto puede superar los 100 mil pesos.

Ahora, ese buen negocio lo pagan los usuarios, pues la tarifa individual se determina por el número de toneladas que se disponen. Así las cosas, hoy un hogar local promedio de estrato 4 paga entre 14 mil y 15 mil pesos mensuales por concepto de saneamiento.

“Si bien hay un problema en los patrones de consumo, como ir a comprar una bolsa de leche y pedir que la metan en otra bolsa que llega a la casa como residuo, el problema mayor es que se desconoce la complejidad del aprovechamiento de residuos: es más costoso reincorporar a la vida útil el tetrapack o el icopor, que el vidrio o el plástico que se separe en casa”, explica Ólfer Villa Arango, experto en manejo de residuos sólidos de la fundación Socya.

Y por último, hay una limitante importante en cuanto a los beneficios en el negocio del reciclaje. Para los recicladores de la ciudad es más negocio recuperar un kilo de pet, que les pagan 1.000 pesos por kilo, que uno de cartón, apenas 300 pesos, o uno de vidrio, por el que solo reciben 50 pesos. Así que todo lo aprovechable no se recupera.

reciclaje

Pero hay esperanza

Frente a ese crudo panorama económico del negocio del reciclaje, en todo caso hay esfuerzos desde la orilla privada que abren el camino a recorrer por el sector productivo. Por ejemplo, ya hay 540 empresas del país vinculadas a los programas de posconsumo de la Andi, para el aprovechamiento de recursos como llantas usadas, empaques, lámparas, pilas, envases, computadores, partes de electrodomésticos, entre otras posibilidades.

“Por ejemplo, en los contratos de las vías de cuarta generación (4G) ya se están incluyendo cláusulas que dan más puntos a quienes usan llantas trituradas en los asfaltos requeridos, una forma de reciclar ese caucho. También se avanza en iniciativas para el reciclaje de materiales de construcción para fabricar nuevos materiales para el sector”, comenta Herrera.

También Fenalco, gremio de los comerciantes, estimula entre sus afiliados el negocio de no botar, sino vender sus residuos electrónicos, cables, plásticos, papel, cartón y hasta chatarrizar vitrinas, lo que trae exclusiones en impuestos de renta e IVA, añade Natalia Andrea Cadavid, directora de Servicios Ambientales de Fenalco Solidario

Otra experiencia positiva es el programa “Sacos Verdes”, de Cementos Argos, que vende y lleva a sus clientes constructores sacos llenos de cemento y les recogen los vacíos, los trituran y sirven de insumo para fibrocemento de fabricantes de tejas.

Asimismo, Socya opera la red nacional más grande para recuperar envases plásticos (PET) y de vidrio que terminan en más envases de OI-Peldar o en “ecopet” para embotelladoras de gaseosas. También ofrece el servicio de separación de residuos a empresas, los comercializan como insumos para otras, y se reconoce un dinero a la compañía que, además, les baja la tasa de aseo que deben pagar.

Por su parte, la cooperativa Recimed también genera “empleos verdes”, mediante acuerdos con empresas e instituciones para separar y aprovechar residuos. Con lo obtenido por la comercialización se paga a los recuperadores.

Y así se extiende la lista de buenas prácticas sostenibles que, sin dejar de ser negocio, dan respiro a rellenos sanitarios del país que, día a día, ven menguada su capacidad de disposición por estar enterrando la plata.

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