El suelo y la vida

SUELO Y VIDA-05
Oct 05 2015

El suelo y la vida

El suelo y la vida.

¿Por qué consumir alimentos orgánicos y/o agroecológicos?

Por: Dayana Vanesa Abad para Contacto Verde

El suelo del mundo está en peligro debido a factores como la expansión de las ciudades, la deforestación, el insostenible uso de la tierra, la contaminación, el sobrepastoreo y el cambio climático, señala la FAO u Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Por ello es necesario tomar medidas de protección de protección de este recurso, para garantizar el futuro alimentario de la humanidad.

Parece ser que durante las últimas décadas los seres humanos hemos olvidado que así como dependemos del agua, también lo hacemos en gran medida del suelo. Un recurso que se está deteriorando a una velocidad acelerada, todo esto causado, entre otras cosas, por prácticas agrícolas ambientalmente inadecuadas propias de la agricultura convencional o de revolución verde que implican un uso desmedido de agroquímicos que no solo contaminan el suelo sino que disminuyen su vida útil y contaminan las aguas subterráneas.

Recordemos un poco qué es el suelo y cuál es su importancia para la vida: la FAO define el suelo como la capa delgada de material que se encuentra en la superficie de la tierra. Es a su vez un recurso natural que consiste en materiales erosionados y orgánicos, aire y agua. Al ser el medio en el que las plantas se establecen y crecen, su función más universalmente reconocida, es la de apoyar la producción de alimentos. Es por esto que el 95% de los alimentos que consumimos provienen de los suelos y existe una relación directa entre la salud de los suelos y la salud humana.

152966766

La tierra que es tratada con sustancias químicas es una tierra que tiene fecha de caducidad. En un suelo degradado por el uso de sustancias químicas, la nutrición de las plantas se ve afectada. Éstas crecen sin fuerza vital, desabridas, con menor cantidad de nutrientes y cada vez menos resistentes a las condiciones climáticas de una región.

El doctor Sacha Barrio Healey, actual director del Centro Internacional de Terapia e Investigación Herbolaria, investigador entre otras cosas, en medicina y alimentación, concluye en su artículo Alimentos Orgánicos. Sobre la importancia de un suelo sano para una vida sana que, después de un prolongado uso de químicos el resultado es una tierra estéril, donde ya no habitan las bacterias, hongos y otros microorganismos del suelo que descomponen la materia orgánica. Un suelo de agricultura convencional o intensiva es un suelo biológicamente muerto, donde ya no habitan microorganismos benéficos, por el contrario un suelo silvestre u orgánico es un suelo donde coexisten millares de microorganismos, bacterias, lombrices, y demás organismos necesarios para la vida de las plantas y de toda la biodiversidad que sobre el interactúa. Este suelo tiene la capacidad de descomponer materia orgánica para producir nutrientes para las cosechas.

Sin embargo la infertilidad del suelo no es la única problemática que trae consigo la agricultura convencional o intensiva. Volvamos al enunciado de que existe una relación directa entre la salud del suelo y la salud humana. Las plantas que nos proveen de alimentos, no solo absorben nutrientes y agua del suelo, también absorben sustancias contaminantes almacenadas en este, las cuales al ser consumidos por los seres humanos y por los animales afectan directamente su salud.

Múltiples estudios prueban que las enfermedades más comunes en la actualidad y las deficiencias nutricionales, están ligadas al uso de agroquímicos y de semillas genéticamente modificadas en los cultivos.

Un ejemplo de esto, es un estudio del año 2012 titulado 2012 Nutritional Analysis: Comparison of GMO Corn versus Non-GMO Corn o Análisis nutricional del 2012: Comparación entre el maíz genéticamente modificado y el maíz que no ha sido genéticamente modificado; se encontraron diferencias significativas entre el maíz transgénico y el maíz tradicional o nativo, especialmente en su carga nutricional.

El maíz nativo tiene 6.130 partes por millón de calcio (ppm), mientras que el maíz transgénico tiene 14 ppm. Es decir que, el maíz tradicional tiene 437 veces más calcio que el maíz transgénico.

Dentro de esta investigación el maíz no-GMO o nativo tiene 113 ppm de magnesio, mientras que el maíz transgénico tiene 2 ppm; lo que significa que el maíz no transgénico tiene aproximadamente 56 veces más magnesio.

sb10062327dd-001

Cuando las semillas son modificadas genéticamente sufren cambios importantes. Se hacen resistentes a los herbicidas y a la vez dependientes de los plaguicidas y abonos de síntesis química, lo cual hace que el agricultor para preservar sus cultivos haga mayor uso de estos, sin que la planta se vea afectada. Como resultado tenemos un mayor beneficio económico para la compañía que produce a la par la semilla modificada y el herbicida, una tierra potencialmente estéril y unos alimentos tóxicos y sin el contenido nutricional necesario para satisfacer las necesidades biológicas de las personas.
Sembrar haciendo uso de agroquímicos, constituye un riesgo para las poblaciones asentadas en zonas cercanas. Según admitió la Comisión Nacional de Investigación sobre Agroquímicos de Argentina en el 2009, después de un consejo científico que tuvo como fin investigar el impacto del uso de agroquímicos para la salud humana, se observó un incremento de enfermedades de la piel y enfermedades respiratorias en poblaciones cercanas a zonas cultivo donde se aplica el herbicida glifosato, así como un aumento de aparición de defectos de nacimiento y de anormalidades en el desarrollo de niños cuyos padres estaban expuestos a este herbicida.

No obstante, producir alimentos no es la única función del suelo, este también es necesario para el abastecimiento de agua; para la regulación del clima; para la producción y almacenamiento de carbono orgánico necesario para respirar; es el hábitat de una cuarta parte de biodiversidad del planeta, es decir, millones de animales y organismos como hongos y bacterias; permite la reproducción de semillas y especies vegetales y es la plataforma sobre la cual tienen asentamiento todas las formas de vida humana.

Ahora bien, para conservar la vida útil del suelo y garantizar que las familias del futuro puedan alimentarse, es necesario cambiar la forma en la que se producen los alimentos en la actualidad. Bien sea a través de la Agroecología que consiste en el dialogo entre conocimientos científicos y saberes ancestrales entorno a las formas de siembra para que la producción de alimentos se conciba desde la estabilidad, la sostenibilidad y la equidad, buscando conservar la agrobiodiversidad, o bien sea desde la agricultura orgánica, que consiste en sistemas de producción que reemplacen los insumos químicos por insumos de origen natural y donde son importantes el reciclaje de materias orgánicas, la conservación del agua y el control natural de plagas.

photo_5592_20080409

Según estudios de la Universidad Tufts, los alimentos provenientes de cultivos naturales, respetuosos del suelo contienen en un 88% mayor contenido de nutrientes que el alimento proveniente de agricultura convencional. Los suelos sanos en sí mismos contienen todo lo que necesitan. Desde una variada comunidad de organismos que ayudan a controlar las plagas, enfermedades e insectos, hasta la capacidad de reciclar nutrientes esenciales para los cultivos, que así mismo mejoran la estructura del suelo y apoyan el proceso de retención de agua y nutrientes.

La agricultura respetuosa de la tierra, bien sea orgánica o agroecológica es una apuesta por la vida a la que cada vez se suman más agricultores que siembran con una filosofía de amor y respeto hacia el planeta, hacia la naturaleza, los animales y los seres humanos. Mediante la cual se protege la vida de millones de microorganismos que dependen de este recurso para vivir, se preserva el agua, se ayuda a retrasar el calentamiento global, se mejora la salud y se garantiza el futuro alimentario de la humanidad.
mas texto

Deje una Respuesta

Su correo electrónico no será publicado.